Todo empezó con un café. Descafeinado de sobre, leche templada, y el Marca del día. Así, como muchas otras mañanas de los meses anteriores, me disponía a comenzar mi jornada laboral en mi primer empleo como comercial cuando me fijé en un pequeño recuadro del periódico: un código para poder participar en la Liga Fantástica. En realidad ya lo había visto muchas otras mañanas, pero ese día decidí que sí, que por qué no, que podría dedicarle unos minutos para ver cómo era ahora aquel invento, doce años después de mi primera y única participación en la temporada de debut del juego, cuando todo funcionaba por correo y los puntos se anotaban en una coqueta cartulina. En aquella temporada 2006-2007 todo se hacía ya por internet, pero crear un equipo era gratis y esos códigos impresos cada día en el periódico permitían hacer cambios sin tener que apoquinar el coste de un SMS premium, así que me lancé a probar suerte, más por aquello de rememorar unos agradables recuerdos de infancia que por verdadera ambición ganadora.

Obviamente nunca gané nada, ni me acerqué, pero en aquel marca.com descubrí los foros y los blogs, probablemente para mi desgracia. Aunque ya sabía de su existencia, la excusa de la Liga Fantástica me hizo entrar a leer y participar en ellos por primera vez de forma más o menos habitual. Usando el sobrenombre de snedecor que tanta gracia me hizo por su sonoridad cuando una profesora de estadística nos habló por primera vez de la distribución F, comencé a pulular por ese submundo digital plagado de trolls pero también de gente brillante, y supongo que podría decirse que acabé enganchado. Solo eso explica que, cuando marca.com dinamitó el foro de su juego a comienzos de 2008, yo fuera uno de los primeros en sumarme al proyecto levantado por Toni8 y otro puñado de entusiastas: un foro propio donde poder hablar de cualquier juego fantasy que encontráramos, y colaborar desinteresadamente para tratar de obtener los mejores resultados posibles en todos ellos.

En el "Foro Liga Fantástica" (fuimos muy originales con el nombre, sí), hoy ya desaparecido, los miembros de "La Armada Invencible" (muy originales, insisto) jugábamos a todo lo que se movía. Por supuesto, la Liga Fantástica Marca, el Supermánager ACB y los Fantasy de la Premier League, Champions League y Copa de la UEFA se llevaban gran parte de la atención, pero no le hacíamos ascos al de la Liga Mexicana en Mediotiempo ni al del Seis Naciones de rugby, y hasta nos apuntamos una vez a un Fantasy que se creó para unos interesantísimos partidos amistosos de cricket entre Inglaterra y Pakistán. Fue así, por ejemplo, como entré en contacto con la Major League Soccer, buscando información sobre lesionados y convocatorias para poder hacer los cambios pertinentes en sus juegos. Como recién licenciado en Administración y Dirección de Empresas, ver que una liga de fútbol profesional hablaba explícitamente de planes de negocio y objetivos estratégicos me enamoró, y enseguida me puse al día de todas sus particularidades. 

Para entonces ya había cambiado de puesto de trabajo. Ahora convertido en contable, me pasaba el día delante de un ordenador y tenía cierta libertad para organizar un flujo de trabajo que por entonces no justificaba un contrato a jornada completa como el que me habían hecho, así que dedicaba varias horas a trastear por lugares seguros de internet, si podemos considerar seguros los sitios web de las federaciones de fútbol de Zimbabwe o Vanuatu y de la prensa deportiva líder de otros países por el estilo: en aquellos meses había un atractivo Fantasy oficial de la FIFA de la clasificación para el Mundial de Sudáfrica, y mi forma de colaborar con el foro era recopilar convocatorias y posibles onces de todas las selecciones posibles. No fue mal la cosa: durante varias ventanas internacionales rondé los puestos cabeceros de la clasificación, con otros compañeros de foro también bien situados gracias a la información compartida, y llegué a las cuatro últimas jornadas con opciones reales de ganar el viaje a Sudáfrica que la FIFA ofrecía como premio al ganador; por desgracia, la inesperada suplencia del ruso Yuri Zhirkov en el penúltimo partido de la fase clasificatoria europea me obligó a jugar a la contra en las jornadas de play-off y al final acabé incluso fuera de los diez primeros puestos. Que ya sé que esto no le importa a nadie, pero a mí todavía me duele. 

El caso es que, durante esos meses de 2008, a medida que leía y comentaba en más blogs y veía a auténticos indocumentados, probablemente adolescentes, abrir los suyos propios, iba dándole vueltas a la idea de crear uno yo también. La victoria de la selección española en la Eurocopa desató una entendible euforia por todo lo que tenía que ver con el equipo nacional, y entonces se hizo la luz en mi mente: en 2009 se cumplirían diez años del triunfo de España en el Mundial sub'20 de Nigeria, con Xavi Hernández, Iker Casillas y Carlos Marchena en la plantilla campeona. Como siempre había seguido con mucho interés a las selecciones inferiores y creía tener bien grabados en la memoria casi todos los detalles de aquellos partidos de 1999, pensé que ahí estaba la excusa que estaba buscando. Surgió así "Recuerdos de Nigeria", que pasó con más pena que gloria por el décimo aniversario del campeonato al que homenajeaba y tampoco despertó mucho interés cuando empecé a repasar torneos posteriores en los que habían participado otros miembros importantes de la selección de Vicente del Bosque.

Pero el trabajo estaba ahí, y además de darme el placer de poder entrevistar a Paco Grande, me cargó de conocimientos para enrolarme al año siguiente en "The Flagrant's", el blog surgido como spin-off del de Ramón Trecet en marca.com y creado por varios de los miembros más destacados de aquella comunidad. Durante el Mundial de Sudáfrica publiqué en él varias previas centradas en distintos jugadores españoles y sus experiencias en campeonatos de categorías inferiores; luego, tras la euforia del título, me sentí lo bastante cómodo como para volcar allí otras inquietudes en vez de abrir otro blog personal. A finales de verano, además, me decidí a registrarme en Twitter para interactuar con otros blogueros y periodistas activos en esa red social e intentar publicitar mis artículos, y más concretamente la entrevista a Luis Martínez Arasa (que me llevé desvergonzadamente a mi blog personal aunque solo había podido contactar con él gracias al "Flagrant's"). Y es que en el fondo, una vez vencida la vergüenza y publicado nuestro primer texto, foto o lo que sea, todo se trata de satisfacer ese vanidoso ego del autor que se alimenta de likes, retuits y comentarios positivos, y yo no era una excepción. Quería que se me leyera, y supongo que este blog zombie es una muestra de que sigo queriendo lo mismo. Así que, si estás ahí, gracias.

Los artículos económicos sobre la MLS, el Valencia y, sobre todo, Traffic Sports, convenientemente amplificados (dentro de mi modesto alcance) por el altavoz tuitero, me trajeron las primeras ofertas de colaboración, que acepté gustoso. Así empecé a escribir en "Spain Sports Network", donde me atreví a usar mi nombre real por primera vez con la bipolar esperanza de hacerme más conocido en el mundo virtual y, al mismo tiempo, seguir pasando desapercibido para mi entorno diario. Porque, al fin y al cabo, todo esto lo hacía a escondidas, restándole tiempo a mis obligaciones profesionales (sin desatenderlas, faltaría más) en una enconada lucha por demostrar que la productividad laboral está reñida con el presentismo imperante en nuestro tejido empresarial. 

En cualquier caso, mi primer aldabonazo real vino con mi primer artículo sobre la FIFA: un simple repaso al historial de los 24 hombres en cuyas manos estaba la decisión de conceder la organización de los mundiales de 2018 y 2022. Lo había publicado en noviembre y lo volví a mover en Twitter el día de las votaciones; como luego ocurrió lo que todos sabemos, quienes lo leyeran al menos pudieron intuir que algo raro habría ocurrido entre bambalinas, pese a los patéticos esfuerzos de don Ángel María Villar por convencernos de que allí todos eran honrados. Varios periodistas de prestigio (al menos para mí) lo rebotaron ese 2 de diciembre de 2010 y empezaron a seguirme, y la vanidad comenzó a sentirse satisfecha y a inundarme de dopaminas, por lo que seguí aceptando toda oferta de colaboración que me llegaba, como la de "Fútbol no es Fútbol", que me permitió expandir mis horizontes y contar más historias dignas de ser contadas.

Supongo que en el fondo esperaba una oferta de algún medio tradicional para dedicarme a escribir cobrando por ello, como uno de esos periodistas con los que me relacionaba en la red. No llegó ninguna y yo tampoco me lancé a buscarlas, como tampoco me decidí a seguir la sugerencia de Paco Grande de intentar entrevistar a los seleccionadores juveniles, ni me atreví nunca a decirle a aquella chica que había escrito una especie de carta pública de amor sobre ella. Fue pasando 2011, la FIFA comenzó a implosionar desde el Caribe, y yo seguí escribiendo y tuiteando, cada vez más metido en mi personaje. Lo cierto es que estaba algo encasillado, y un español experto en la MLS, en los tejemanejes de la CONCACAF o en la historia del fútbol juvenil no es que haya sido nunca un perfil muy demandado. Pero lo asumía con naturalidad: al fin y al cabo, en aquel entonces la selección española femenina tampoco le interesaba a mucha gente, ni siquiera dentro de la RFEF.

La crisis comenzaba a afectar también a la empresa que me pagaba, pero yo creía seguir teniendo el puesto asegurado. Así que empecé el año 2012 con una nueva versión, extendida y actualizada, del mismo artículo que ya había escrito año y medio antes sobre la MLS; esta vez, eso sí, pude hablar con el mismísimo Director Deportivo de la liga estadounidense, pero tampoco es que le importara a nadie. Mejor acogida tuvo la reedición de un trabajo de Dirección Estratégica de cuarto de carrera, supongo que porque las videoconsolas forman más parte de la vida cotidiana de la gente que, por ejemplo, los amaños de partidos, o al menos eso queremos creer. Tras el verano las cosas cambiaron un poco, y más aún lo hicieron antes de Navidad, cuando fui despedido por aquello de los recortes: puede que el jefe al fin se diera cuenta de que mi trabajo podía hacerlo alguien menos cualificado y en menos horas.

Con todo el tiempo del mundo para dedicarme a lo que quisiera, al menos durante unos meses, me llegó por fin una proposición para trabajar como redactor... sin cobrar, claro. Se trataba de colaborar con la web "Pasaporte Olímpico" siguiendo desde casa a la selección sub'21 en su intento por clasificarse para los Juegos de Río. Sin nada mejor que hacer, también acepté esa oferta mientras seguía escribiendo de cosas que verdaderamente me llamaban la atención, como un portero que jugó dos finales mundialistas con el 8 a la espalda, o aquella vieja historia de dos ciudades (o más bien una y media, supongo) que se echaron a la calle para salvar a sus equipos de un descenso administrativo.

A esas alturas del año ya había decidido hacia dónde enfocar mi trayectoria profesional y vital, y estaba claro que no pasaba por las redes y el articulismo, ni por supuesto por los juegos fantasy, que ya eran otra vez un lejano recuerdo. Irónicamente, esa fue quizás una de las épocas en las que más cerca estuve de hacer realidad aquella otra fantasía, pero ni aproveché el impulso de ese paseo por la hemeroteca de 1995 ni me decidí a dedicarme en serio a escribir el libro sobre Nigeria 1999 que podría haber surgido a cuatro manos con Borja García, amigo tuitero y, en otra vida, enviado especial del diario As al evento. Pero de esos apuntes surgió otro serial que acabé colocando en "Cuadernos de Fútbol", la publicación mensual del CIHEFE, y del material sobrante de esos años repasando torneos juveniles conseguí rescatar más historias curiosas y cuasitrágicas de chavales de otros países que tampoco pudieron alcanzar sus sueños futbolísticos. 

Y entonces, en el verano de 2014, descendieron al Real Murcia, y escribí un artículo al respecto, y me dejaron caer que mi trayectoria como redactor era seguida con gran interés desde la LFP, y me ficharon para "Diarios de Fútbol", desde donde viví la caída de esa cúpula de la FIFA de la que tantos años llevaba escribiendo y como consecuencia de los sobornos de esa empresa, Traffic Sports. de la que también había hablado al principio de mi carrera. Pero, por supuesto, eso tampoco le interesaba realmente a nadie, como tampoco le interesó a nadie mi genial idea para alcanzar la viralidad: un tumblr con las camisetas de fútbol que la gente le regalaba al Papa Francisco. Pese a todo, seguí escribiendo y tuiteando, cada vez más lo segundo que lo primero, hasta que un inesperado sopapo de realidad me hizo ver que quizás le estuviera dedicando más tiempo del recomendable a aquel pasatiempo. Pasó 2017 con su tormenta política y al acabar 2018, totalmente desconectado ya de la escritura y desencantado con la deriva de Twitter en los años anteriores, me suicidé cibernéticamente en Nochevieja. Nuevamente, a casi nadie le importó.

Cuatro años después, un ataque de nostalgia tras descubrir el proyecto WebArchive me llevó a rastrear aquellos artículos que creía perdidos tras la desaparición de "Spain Sports Network" y "Diarios de Fútbol". Revisité los demás sitios que aún siguen activos y rellené una tabla excel con mi producción en aquellos maravillosos años, y el penúltimo aguijonazo de vanidad me hizo abrir este desván. Si alguien acierta a encontrarlo alguna vez, que no me juzgue. Yo solo pedí mi descafeinado de siempre y el Marca del día.

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